
Sólo importan mis ojos por mirarte,
y las palomas de mi manos entre tu cielo,
y el repetido sueño colgado en tu horizonte.
Sólo importan mis pies para seguirte,
en el swing de tu baile de mar y densa espuma,
como un temblor que devora mi intelecto.
Sólo importa tu voz de cansada diosa,
aterida de caricias, condenada a mis audacias.
Guarnecida en el rincón de la prudencia.
Y solo me importa hoy, belleza de asalto,
sopor de vino tinto y feromona,
rayo de luz, corona y dia domingo.









